Bajo la Cruz de Lorena

Varios periódicos de la ciudad donde vivo, Murcia, se han hecho eco estos días atrás de la reciente publicación de mi última novela, Bajo la Cruz de Lorena. Agradezco a todos ellos el interés demostrado y el apoyo ofrecido. Uno de los titulares de estos artículos reproducía textualmente una respuesta que yo había dado “Aún estamos en deuda con los exiliados de la Guerra Civil”. Dicho titular ha provocado una ola de reacciones. Algunos lectores me dan la razón con argumentos que yo nunca he expuesto, mientras otros me la niegan suponiendo aseveraciones que nunca he hecho. Entre los escépticos más moderados la pregunta más frecuente ha sido la misma ¿cuál es esa deuda? La respuesta no es difícil de explicar, aunque después del revisionismo histórico al que nos hemos visto sometidos la cosa se complica, pero intentaré aclarar por dónde van lo tiros.

La trama de la novela intenta mostrar una cara distinta, de aquellos que se tuvieron que marchar llevándose lo puesto, sin analizar el motivo por el que tuvieron que hacerlo. La Guerra Civil española enfrentó a todos los habitantes de este país. En los mapas de los libros de historia se traza una frontera, pero no es real. Esa línea era la línea de frente, la frontera que delimitaba la parte del territorio ocupado por un bando o por otro, el lugar donde ambos ejércitos se daban cera. Pero para nada refleja la realidad del día a día de los habitantes de a pié de uno u otro lado. Esa realidad es que tanto a un lado de la línea como al otro, vivían personas de los dos bandos que se convirtieron en proscritos del bando dominante en el lugar donde les había tocado vivir. Los paseos, ajustes de cuentas, fusilamientos masivos y crímenes contra la humanidad, se dieron en los dos bandos para desgracia de quienes tuvieron que sufrirlos que, a menudo, no tenían signo político alguno. Pues no es menos cierto que en esta España nuestra, cainita y recelosa y con una marcada proclividad a tirar de navaja, muchos aprovecharon estar en el lado poderoso, fuere cual fuere, para ajustar las cuentas al vecino. Las más de las veces por rencores mundanos nada honorables: amores reñidos, muchas más veces de las que cabía pensar; rencillas por las lindes de las huertas; viejos rencores familiares entre primos; asuntos laborales… En fin. Todos aquellos rencores que los años habían acumulado y en algunos casos enterrado, salió a flote en los corazones de aquellos españoles de la época.

La cuestión es que al final de la contienda hubo un bando vencedor y otro vencido. El vencedor se encargó de tapar todas sus tropelías y de mostrar al mundo las del otros. A nadie le sorprenderá ahora saber que la historia la escriben los vencedores y que esa versión, siempre tergiversada, perdura por los siglos de los siglos con todas sus desviaciones. Aclarado este punto, veamos ahora por qué estamos en deuda con los exiliados. Mi respuesta es la siguiente: lo peor que le puede suceder a una persona es perder su patria -y que nadie vea en mis palabras unas exaltación fascista de la misma-. La patria es un reflejo del estado, tenga el sistema político que tenga. La patria es la sombra de nuestro país que nos acompaña allá donde estamos, velando por nuestro bienestar y nuestros intereses (da igual que sea una persona jurídica que una persona física), evitando que otros nos exploten o nos humillen. Su presencia invisible se hace patente cuando nuestra vida se cruza con el sistema administrativo o penal de otros Estados, de ahí la importancia de las embajadas, los consulados y demás proyecciones de un país en el extranjero. Véase lo que ocurre con las personas secuestradas en el Magreb por Al qaeda, en el estrecho de Malaca o en Somalia por los piratas marinos. Si no fuera por sus respectivos Estados, ¿quién negociaría su libertad? Francia acaba de pagar una suma millonaria por unos súbditos suyos secuestrados en Niger. España pagó por los pescadores del Alacrana, por las colaboradoras de una ONG, etc… Cuando el tsunami del sudeste asiático azotó sus costas ¿quién busco a cada uno de sus súbditos? ¿quién repatrió a las víctimas del terremoto de Japón? ¿Quién vela por lo derechos de los ecuatorianos, bolivianos, chinos o marroquíes en nuestro país? la respuesta es sencilla; sus países de origen ¿Qué países reniegan de sus súbditos? No citaré ninguno para no echarme más enemigos, pero son muchos, todos ellos países en vías de desarrollo cuyos gobiernos dejan mucho que desear en el panorama geopolítico. Casi todos ellos son países del Norte de África, que dejan sin patria a los que cruzan el desierto escondidos entre los ejes de los camiones o el estrecho de Gibraltar en patera. Hace sólo unos días aparecieron 100 cadáveres en el desierto de Niger de gente sin patria que vaga por esos lares, por tierra de nadie. He ahí nuestra deuda. Al dejar abandonados a aquellos españoles que habían perdido la guerra, sin la cobertura de su estado, los demás países: Francia, Reino Unido, Rusia y Estados Unidos por un lado y Alemania por el otro; no olvidemos que la División Azul sufrió una afrenta similar cuando a Franco le afearon el gesto los aliados y la disolvió, prohibiéndoles usar el uniforme español, la bandera española, las insignias o cualquier otro símbolo de su patria. Aunque tampoco hemos de olvidar que la deuda con éstos es menor, o nula; pues jugaban en otra división. Ellos fueron voluntarios, a aliarse con las SS de Hitler, cuyo nombre y emblemas, aún hoy, pone los pelos como escarpias a algunos, mientras los otros, los exiliados en Francia; todo, todo, lo hicieron obligados. Obligados por Franco o por el gobierno francés que sí acertó al canalizar su energía y adiestramiento.

En definitiva, perder la patria en un momento tan convulso de la historia fue nefasto, los demás estados se aprovecharon de ellos, sabiendo que nadie los iba a defender ni a llevar al país en cuestión ante ningún tribunal internacional ni iba a amenazar con romper relaciones diplomáticas.

Yo centro mi novela en una porción de ellos; aquellos que se quedaron atrapados en Francia. Podía haberlo hecho con los niños de la guerra que corrieron una suerte similar en Rusia, o con los divisionarios azules que hasta el año 54 no volvieron a España, pero estos me daban menos juego porque, como ya he dicho, fueron voluntarios a apoyar a uno de los mayores tiranos, amén de asesino, de los últimos siglos, Hitler. Los exiliados en Francia me daban mejor juego literario y además, como ya he escrito y comentado en varios medios, tuve la suerte de conocer a uno de ellos y vivir durante algún tiempo en los escenarios donde ellos fueron hacinados y humillados. Así que, puestos a darle a la tecla, ¿por qué no en memoria de los amigos?

La cuestión es que Franco tomó esa siniestra decisión y los convirtió en apátridas y, por ende, en personas de tercera, sin derechos, relegando a España al nivel de los regímenes más execrables del orbe. Lo que provocó que ningún país aliado reconociera su valía o sus logros en la guerra, una guerra que sí que ganaron junto a los ejércitos aliados. Aunque ni éstos se lo reconociera y sus medallas se las pusieran ellos por el simple hecho de tener una administración, un estado, una patria.

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Acerca de Marchal-Sabater

Pseudónimo del escritor murciano nacido el 6 de agosto de 1964. En los años ochenta ingresó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e inmediatamente fue asignado a los servicios de información, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición, en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas refleja parte de ese pasado, describiendo algunos hechos tal y como sucedieron y otros adaptándolos a la trama, sin desvirtuar la realidad. En su currículo cuenta con varios premios literarios, como el del certamen de micro-crímenes de Falsaria 2012 y el 2º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013. Autor de: "El Valle de las Tormentas" y "Bajo la Cruz de Lorena"
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Una respuesta a Bajo la Cruz de Lorena

  1. Beatriz dijo:

    Estoy muy de acuerdo con lo que dices Antonio, yo si capté en su momento lo que querías expresar.

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