6 de junio de 1944. Españoles por Normandía.

Hoy es 6 de junio de 2014, hace justo 70 años que los aliados desembarcaron en Normandía. De los 160.000 soldados que llegaron a las costas normandas, 9000 murieron en ellas. De ahí el rosario de cementerios que surcan la costa normanda. Hoy han acudido a aquellos lugares 18 delegaciones de 18 estados. Hasta ahí todo bien, sin embargo a mí me embarga la tristeza. Este aniversario, como los 69 anteriores, se caracterizará por la ausencia de las autoridades españolas. Los españoles más jóvenes pensaran que es lógico, como fuimos neutrales… ¿qué pintamos nosotros allí? La conclusión no es exacta. El gobierno de Franco se mantuvo neutral, de cara a la galería, durante toda la guerra. Pero en los primeros años no dejó de coquetear con los alemanes. No es menos cierto que otros países neutrales también colaboraron con ellos, véase Suecia, Suiza o la Francia de Vichy. Pero no es esa la parte de la historia que me gustaría analizar hoy.

El motivo de esta reflexión es homenajear a los españoles que se dejaron la vida en casi todas las batallas de la II Guerra Mundial, y especialmente a los que junto a los aliados hubieron de ser evacuados en Dunkerque, a pesar de los ingleses. A los que volvieron a Europa cuatro años después junto a los aliados, tras haber liberado el Norte de África y a los que no pudieron ser evacuados y hubieron de quedarse en la Francia ocupada, proscritos y perseguidos por los alemanes y por los franceses que se cambiaron al bando del opresor. Aquellos españoles organizaron la resistencia, conquistaron París, contra las previsiones que tanto Eisenhower como Patton habían planeado, y llegaron hasta Kehlsteinhaus, El Nido del Águila, el refugio alpino de Hitler y otros nazis en los Alpes bávaros, cerca de Berchtesgaden.

Pero hay algo que también hemos olvidado los españoles. A la operación Overlord, nombre en clave militar del desembarco, le antecedió la Operación Fortitude. Un engaño organizado por británicos y estadounidenses para despistar a los alemanes y hacerles creer primero que los aliados tenían un ejército 20 veces superior al alemán, dispuesto a desembarcar en Europa en cualquier momento. Para ello llenaron las costas británicas de tanques, aviones y camiones de cartón y madera, para que los observadores alemanes los creyeran reales. La segunda parte de la operación era convencerles de que la invasión de Francia se realizaría en Calais, ciudad situada a unos 250 km del punto elegido, las playas de Normandía.

Todo empezó un día de invierno de 1944, cuando el general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe aliado, encargado de dirigir la invasión que liberaría Europa Occidental del régimen nazi, se reunió con Noel Wild, jefe de una unidad poco conocida, encargada de llevar a cabo el engaño, y le hizo esta petición: –“Solo te pido que me quites de encima el XV ejército alemán los dos primeros días. Nada más”–. Eisenhower necesitaba esos dos días para consolidar la toma de las cabezas de playa que debían tomar sus primeras divisiones cuando llegaran a la costa normanda. Fue para esta segunda misión para la que se recurrió al ingenio español. El plan contó con el despliegue de un ejército de espías y agentes dobles de todo el mundo, por supuesto. Sin embargo, de todos ellos, al que se le asignó el papel más decisivo fue un español llamado Juan Pujol, conocido en clave como Garbo. Él fue el encargado de infiltrarse en la cúpula de los servicios de inteligencia alemanes, ganarse su confianza incondicional hasta tal punto de llegar a influir en la toma de decisiones de Hitler y su Alto Estado Mayor y confundirles. Su implicación fue tan determinante que los alemanes se tragaron el anzuelo hasta la cola. Incluso proporcionó al servicio de contra espionaje alemán el material que debía confirmar su delaciones.

Sin embargo, ninguno de esos españoles fue nunca reconocido como debía. La España de Franco no los reconoció como españoles, los franceses no los reconocieron como franceses, ni los ingleses ni los americanos. Así que en días como este, cuando ninguna autoridad española tiene la vergüenza de hacer una mención hacia ellos o de exigir su puesto entre las legaciones extranjeras presentes en los actos de homenaje, a mí, entre lágrimas, se me ha ocurrido escribir esta reflexión y brindar por su valor.

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Acerca de Marchal-Sabater

Pseudónimo del escritor murciano nacido el 6 de agosto de 1964. En los años ochenta ingresó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e inmediatamente fue asignado a los servicios de información, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición, en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas refleja parte de ese pasado, describiendo algunos hechos tal y como sucedieron y otros adaptándolos a la trama, sin desvirtuar la realidad. En su currículo cuenta con varios premios literarios, como el del certamen de micro-crímenes de Falsaria 2012 y el 2º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013. Autor de: "El Valle de las Tormentas" y "Bajo la Cruz de Lorena"
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