El pueblo griego ha decidido que de perdido al río.

Les escribo hoy desde lo más profundo de mis reflexiones y éstas no son más que el fruto de mi solidaridad con el pueblo griego. Ya sabemos, porque nos lo han dicho por activa y por pasiva, que Grecia no es España; y desde luego no lo es, pero nos parecemos tanto…
Ya sé que los griegos llevan muchos años sin hacer los deberes económicos, ya lo sé. Se me ocurre ahora por ponerle una fecha a la debacle, 1981. Pero también sé que no ha sido un pueblo bien dirigido. Lo que les está pasando no es fruto de un mes ni de los seis que lleva Tsipras en el poder, eso es lo que pretende hacernos creer la derecha europea que se ha hecho pieza frente a Syriza. Pero sólo un absurdo puede creerlo, aunque a los absurdos partidos políticos españoles les está viniendo de maravilla ante la vigente campaña electoral.
Lo que le está ocurriendo hoy a Grecia y al resto de países del Sur de Europa ya les ocurrió en el pasado, durante la República de Weimar, a la propia Alemania que tan exquisita se pone ahora y también entonces ellos tuvieron su gobierno revolucionario, el nazi, y también incumplieron un tratado internacional, el Tratado de Versalles; incumplimiento que culminó con la subida al poder del famoso populista, Hitler. Y es que hay una cosa que está clara. No se puede oprimir a un pueblo. Eso fue lo que le ocurrió a Alemania después de la I Guerra Mundial y el Crack del 29, y eso es lo que el Eurogrupo, con la señora Ángela Merkel al frente, le está haciendo no sólo a Grecia sino a todos los países del Sur de Europa. Países que deberían haber apoyado algo más a Tsipras y haber creado un frente común, quizá no tan beligerante como el que ha mostrado la administración helena contra Alemania y su política opresora, pero frente, oposición al fin y al cabo. Pero claro, cualquiera le dice a Rajoy que tenga visión de conjunto y le recuerda aquello de que cuando las barbas de su vecino veas afeitar pon las tuyas a remojar. España no es Grecia, lo sé yo y lo sabemos todos, pero el señor Rajoy va a dejar tan alto listón del servilismo a Ángela Merkel que cualquiera que venga detrás nos sumirá otra vez en lo más profundo de la crisis, o lo que es peor, nos daremos cuenta de que nunca salimos de ella. Pues la deuda del estado es superior a la de 2011 y el número de parados también. ¿Por qué tenemos, entonces, la sensación de estar mejorado? Porque al obediente de Rajoy la señora Merkel le ha permitido una política económica muy similar a la que Hitler llevó a cabo en el 33 para sacar a Alemania de la grave crisis económica que sufría. Y en qué consistió aquella política, pues en una compleja operación de ingeniería financiera que comprendo bien, pero no sé si seré capaz de explicar; veamos.
En 1933, Alemania tenía un problema de liquidez tan grande o más como el que ahora, por mor de los tratados europeos tiene Grecia, España, Portugal y algunos países más del Sur de Europa; Francia tampoco va mucho mejor. En aquellos tiempos Alemania tenía más de seis millones de desempleados. Su única salida en ese momento era aumentar la producción industrial y recaudar más dinero para que el Estado no perdiera liquidez y así ir reduciendo la tasa de paro –les reitero que les estoy hablando de Alemania–.
¿Cómo lo hizo? Pues emitiendo una serie de bonos de cobro a plazo, que les sirvió para crear dinero de forma que no constara en las cuentas del Estado evitando así que se le disparase la inflación escandalosamente – ¿no les recuerda esto el préstamo de 40.000 millones de Euros a la banca española y la compra por parte de ésta de deuda pública con ese dinero ya que el Banco Central Europeo tenía prohibido por el Eurogrupo, dirigido por Merkel, comprar deuda pública porque eso era una forma encubierta de devaluar el Euro? Pues eso… España no hizo más que emitir bonos que compraron nuestros propios bancos con el dinero del Eurogrupo para sufragar el gasto público sin que se disparara desorbitadamente la inflación–. Pero volvamos a la Alemania de Hitler. Ésta dejó de pagar a los países extranjeros el dinero que el Tratado de Versalles les exigía –léase ahora Tsyriza, Tsipras, Varoufakis, Podemos, etc, etc, etc… – ¿Por qué a los españoles se nos ha permitido hacerlo? Pues porque Rajoy es un buen chico, un alumno aplicado que nunca se rebelará contra Merkel y así, de paso, le vamos pagando a ella lo que le debemos. Pero esa sumisión está jodiendo vivos a otros países que intentan salir del hoyo con algo de dignidad y joderá más a cualquiera que gobierne aquí en el futuro, aunque sea de su propio partido, pues en el momento que el Eurogrupo cuente bien la deuda española, sumará esos 40.000 millones de Euros a la deuda del Estado y saldrá con el cuento de que se ha disparado la inflación, subirá la Prima de Riesgo y volveremos a estar en la cola de la noche a la mañana, y saldrán los palmeros de Rajoy y nos dirán aquello de que nos está bien empleado por no haberlo votado a él.
La reducción del paro en la Alemania de Hitler vino de la misma manera que Rajoy va a intentar en España en el poco tiempo que le queda de legislatura; y durante la siguiente, si el pueblo se lo permite, creando puestos de trabajo públicos. Alemania lo consiguió gracias al rearme y al aumento de la industrialización del país, principalmente la industria pesada (caucho, aluminio, hierro, etc). El Estado controlaba los precios del mercado, estableciendo el precio de los productos de consumo, además de crear nuevas carreteras y nuevas construcciones pagadas con dinero público –Véase ahora el famoso “Plan E” de Zapatero–.  Resulta que construían una carretera, o lo que fuera, y una vez acabada la obra se pagaba a la empresa constructora, siempre de algún nazi amigo, el 50 % de su precio y el otro lo cobraba en bonos pagaderos a largo plazo. Así era como se alargaban los créditos. De esta forma el estado sólo pagaba la mitad del precio, la otra mitad la cobraba el empresario vendiendo esos bonos a un banco, banco que por supuesto también era nazi, a ese banco le pagaban después el bono con el dinero de otra operación y todo solucionado. O sea, un chiringuito que concatenaba deuda tras deuda y con la última pagaba la anterior. Mientras tanto el paro fue disminuyendo y el estado cobrando más dinero de los impuestos y la demora de los pagos que los bonos descritos le permitía. El sistema fue y lo es aún muy efectivo a corto plazo, pero ¿qué ocurre después? Lo que ocurrió en Alemania. Se lo cuento rápido, aunque a estas alturas ya lo saben ustedes.
El rearme militar alemán fue tan grande y desproporcionado como el propio gasto militar. La industria pesada sólo fabricaba armas que sólo vendía al Estado. Por lo tanto el gasto público no sólo entró en bucle, es que además aumentaba cada día llevando a la economía alemana a la bancarrota estatal si no se paraba la producción de armas o se declaraba una guerra. Parar la producción hubiera supuesto otra vez paro y crisis y la derrota nazi a manos de su pueblo. ¿ Cuál fue la decisión? Pues ante la duda la más tetuda. Primero se invadió Austria, luego Checoslovaquia, Polonia, Bélgica, Países Bajos, Francia… Por cierto, ahora que digo Francia. Francia entonces estaba tan creída de ser el centro del mundo como lo está ahora, por eso Hitler los pilló cagando, pero el señor Hollande aún no se ha enterado y cada vez más emula a Rajoy creyendo que Alemania nunca se volverá contra él, económicamente hablado, pero de seguir así la fiesta el cochino les saldrá mal capado.
Volviendo a Grecia y a España y al resto del Sur de Europa, diré que no tenemos suerte. Grecia lo ha sometido todo a un órdago, un órdago que sin los apoyos de sus vecinos no ganará puesto que si sigue en Europa tendrá que morder el polvo del austericismo al que le va a someter Ángela Merkel con la ayuda de sus acólitos y si se va será su amigo Vladímir Putin el que les apriete las tuercas. Así que están en esa disyuntiva, si en su referéndum sale SÍ ganará Europa, si sale NO ganará Rusia, pero de ninguna de las maneras ganarán lo griegos y está claro lo que ha sucedido; de perdido al río.

Anuncios

Acerca de Marchal-Sabater

Pseudónimo del escritor murciano nacido el 6 de agosto de 1964. En los años ochenta ingresó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e inmediatamente fue asignado a los servicios de información, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición, en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas refleja parte de ese pasado, describiendo algunos hechos tal y como sucedieron y otros adaptándolos a la trama, sin desvirtuar la realidad. En su currículo cuenta con varios premios literarios, como el del certamen de micro-crímenes de Falsaria 2012 y el 2º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013. Autor de: "El Valle de las Tormentas" y "Bajo la Cruz de Lorena"
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s