Historia de la burguesía e industria catalana I

   Llevo ya tiempo oyendo a los separatistas catalanes alegar que una Cataluña independiente es viable, incluso que el 70 % de la industria del Estado es en realidad catalana. Lo que nunca terminan de decir, algunos ni siquiera han reflexionado sobre ello, es por qué está allí; y no lo hacen porque creen que es fruto de su hecho diferencial –No hay nada peor en la vida que creerse mejor que el prójimo–. Pues bien, voy arrojar un poco de luz sobre ello.
Un alto porcentaje de ese tejido industrial está ahí porque es suelo español y europeo, porque está cerca de un puerto y de unas inmejorables comunicaciones por carretera y ferrocarril y una situación geográfica equidistante de otros puntos de la Unión Europea y de otros pueblos del Mediterráneo. Los independentistas se ponen una venda en los ojos y no quieren comprender que esas empresas con las que cuentan para hacer viable su independencia no son sólo de ellos sino del fruto de una continua inversión del Estado español que dura ya 300 años. Ninguna de ellas aguantaría ni un solo minuto más fuera de España y por ende fuera de Europa.
Hay que estar muy confundido para pensar que una gran multinacional decide instalarse en Cataluña y no en el Roselló o en Aquitania por amor al catalanismo.
Esa Cataluña industrial de la que ellos se enorgullecen y, por supuesto, con la que piensan quedarse tras la ruptura con España, nació a raíz del famoso 11 de septiembre de 1714, el famoso día de la Diada. El que los separatistas apuntan como origen de todas sus desgracias –que tiene huevos la paradoja–. Fue el primer día de su situación actual, verán.
Finalizada la Guerra de la Sucesión, que no fue una guerra entre catalanes y españoles sino una guerra civil provocada por las intenciones de dos dinastías europeas por hacerse con el reino de las Españas, en la que el sitio de Barcelona es exactamente igual a la Batalla de Almansa en Albacete, o la del Huerto de las Bombas en Murcia. Siento aguaros la fiesta, pero en esa guerra, que duró 14 años, hubo 51 batallas importantes repartidas por 51 lugares distintos de la geografía española. Las Españas, término con el que mejor se nos definía porque éramos un conjunto de reinos con fueros medievales aún –Por cierto, hasta esa fecha Cataluña no era más que un territorio del Reino de Aragón–, se unieron en una sola. Desde ese momento, la España borbónica se fue convirtiendo poco a poco en un Estado jurídicamente uniforme, con leyes iguales para todos, con fiscalidad y sistema monetario únicos, con una sola lengua oficial y una administración centralizada; y por primera vez en la historia se empieza a construir una identidad nacional española, al tiempo que se van desmontando las identidades periféricas, su lengua y su cultura. No obstante, aunque esto pareciera que va en detrimento de la identidad catalana, no es menos cierto que durante todo lo que quedaba de siglo Cataluña evolucionó económicamente más que lo había hecho en el resto de su historia en detrimento del resto del estado, pues bajo el estímulo económico del nuevo orden crecen sus manufacturas de lana, piel, hierro y papel. El crecimiento es tan grande que cientos de comerciantes catalanes, para ampliar su mercado, emigran al resto de España buscando dónde establecerse para dar salida a sus productos: Andalucía, Castilla, Galicia y Murcia serían sus principales destinos. A mediados de ese siglo surge con fuerza una nueva industria textil, la algodonera, que ya no sólo se vende en la península sino en los mercados americanos. Naturalmente estos cambios económicos, este arranque de una revolución industrial que sólo se dio en Cataluña gracias a los Borbones, modifican el rostro de la sociedad tradicional catalana y da lugar a nuevas clases sociales. A finales del XVIII Cataluña había duplicado su población desde primeros de siglo y Barcelona la cuadriplica, alcanzando la cifra de 130.000 habitantes. Al calor del crecimiento demográfico y económico la agricultura catalana se moderniza, se especializa y descubre las enormes posibilidades de exportación que las colonias del Estado en América ofrecen a sus vinos y aguardientes, pero se encuentran con el grave problema de tener que pagar una serie de costas para que sus productos embarquen rumbo a América en los únicos puertos habilitados, Cádiz y Sevilla, reminiscencias aún del extinguido Reino de Castilla. Pero la situación de desventaja duraría poco. En 1765 Carlos III inició una revolución económica importante: promulgó el decreto de libre comercio que autorizó el tráfico interno de mercancías entre 5 islas del Caribe: Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Trinidad y Margarita, con nueve puertos de la península: Cádiz, Sevilla, Málaga, Alicante, Barcelona, Cartagena, Santander, La Coruña y Gijón. En 1768 amplió el decreto a Luisiana, en 1770 a Yucatán y Campeche y a principios de 1778 a Perú, Chile y Río de la Plata. El proceso revolucionario librecambista finalizó el 12 de octubre de 1778 con la promulgación del Reglamento y aranceles reales para el comercio libre de España a Indias. Estas últimas medidas protegieron la industria del algodón mediterráneo de tal forma que hundieron la producción de Lino en el resto de España, especialmente en Galicia, cuya producción y manufactura constituía su mayor industria, originando la primera emigración importante de gallegos hacia Cataluña. Este conjunto de medidas constituyó el germen y origen de la burguesía y del proletariado catalán cuyos intereses y reivindicaciones configurarán en gran medida la Cataluña contemporánea.
-Continuará…

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Acerca de Marchal-Sabater

Pseudónimo del escritor murciano nacido el 6 de agosto de 1964. En los años ochenta ingresó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e inmediatamente fue asignado a los servicios de información, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición, en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas refleja parte de ese pasado, describiendo algunos hechos tal y como sucedieron y otros adaptándolos a la trama, sin desvirtuar la realidad. En su currículo cuenta con varios premios literarios, como el del certamen de micro-crímenes de Falsaria 2012 y el 2º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013. Autor de: "El Valle de las Tormentas" y "Bajo la Cruz de Lorena"
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