Héroes

Celebramos estos días el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, un hombre que, sin ser exactamente un héroe o un mártir, pasará a la historia por los hechos que antecedieron y sucedieron a su muerte. 
Se niega la izquierda española a reconocer las consecuencias de tan trágico hecho, que es lo que en realidad recordamos todos durante estos días. Aducen con estulticia que todas las víctimas son iguales, evidentemente no les falta razón, a ninguna demagogia le falta (véase sofisma). 

A todas las matan o les producen heridas incompatibles con la vida y a todas las entierran o incineran ante el dolor de sus familias ¿quién se atreve a negar esto?

Me gustaría que me explicaran porque la muerte del Cid, Almanzor, Juana de Arco, Agustina de Aragón, Hitler, Mussolini, Gandhi o Martin Luther King, no son muertes anónimas. 

Tan difícil es reconocer que hay asesinatos que se quedan en las páginas de la historia, no por la importancia del fallecido ni su trayectoria vital, que en muchos casos la tiene y en otros tantos no, sino por lo que el asesinato en sí supone. 

Son hechos que marcan un punto de inflexión en la historia (Para los de podemos. Momento exacto en que acaba una época y empieza otra).

ETA ha estado matando desde el lunes 27 de junio de 1960, que murió Begoña Urroz, de 22 meses, abrasada por una bomba colocada en la estación de ferrocarril de Amara (Guipúzcoa), hasta el 16 de marzo de 2010 que asesinó a un policía francés, Jean-Serge Nèrin, en total 830 víctimas. ¿Son todas iguales? Evidentemente sí, pero solo quedaran en la memoria colectiva algunas de ellas y las masacres más grandes: Hipercor de Barcelona, Cuartel de Zaragoza, Vic, el atentado de la plaza de la República Argentina contra el autobús de la Academia de Tráfico y pocas más.

¿Por qué recordaremos durante muchos lustros a Miguel Ángel Blanco? Por ser concejal en Ermua ¿De verdad nos creéis tan simples a los españoles? 

El secuestro, tortura y asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un pulso a la sociedad española, un chantaje que provocó que el pueblo, ese término del que tan fácilmente os apropiáis, especialmente el vasco, se tirara a la calle a gritar basta y a exponer su nuca, a mostrar sus manos blancas. 

El pueblo obligó a los policías a quitarse los pasamontañas para ver sus rostros, abrazarlos y besarlos espontáneamente. El pueblo ocupó las plazas, avenidas y calles de todas las ciudades de España durante varios días y noches, pero especialmente las de Bilbao, el pueblo oprimido por los asesinos dijo “BASTA” y los asesinos se vieron cercados.

Nunca hubo una reacción igual, nunca. Eso es lo que representa el asesinato en directo de Miguel Ángel Blanco, el aislamiento de ETA, su pérdida de cobertura social, su soledad, su oprobio. Y particularmente pienso que es eso lo que Podemos y la izquierda en general no tolera, que el pueblo tenga vida propia, sentimientos propios, lejos de la manipulación a la que intentáis someterlo.

Esto no tiene nada que ver con las ideas sociales o económicas de un partido o de un movimiento, ideas de las que la izquierda española carece, por eso se dedica a lo que se dedica, a sembrar el caos. No es que la derecha española se mejor, no. Es que ya sabemos de qué pie cojea y como dice el refrán: más vale malo conocido que bueno por conocer. Eso es lo que le da al PP las victorias, el miedo que dais, vuestra intimidación a la sociedad, esos abrazos a los proetarras y apoyo incondicional que dais a los asesinos ¿Os habéis opuesto alguna vez a que en pueblos vascos haya calles y plazas con el nombre de auténticos genocidas? ¿Quién llevó a los asesinos de Alsasua a ser homenajeados en el Parlamento? ¿De verdad os creéis mejores que ellos? (Dime con quién andas y te diré quién eres).

No voy a olvidar que también hay víctimas del franquismo, del yihadismo y tristemente también del Estado, no. Ni las voy a olvidar ni quiero, pero mezclarlas es un empeño torticero. 

Miguel Ángel Blanco no cambió nada en el estatus de los asesinados por el dictador, tampoco en los asesinados al grito de Ala es grande ni de los asesinados por los GAL ¿A qué viene ahora confundir a la gente? 

Estimados podemitas: hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. No mezclen churras con merinas que el resultado es un engendro no es rentable y lo van a ver, o lo estáis viendo ya en las encuestas de intención de voto.

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El Valle de los caídos.

En estos días se ha reabierto el siempre controvertido tema de la exhumación del cadáver de Franco del Valle de los Caídos, y la verdad es que por mucho que lo medito, no veo ningún motivo para que ese señor siga allí ni un minuto más. No se me escapa que los grupos políticos de la oposición han querido escenificar el poder que tienen, como tampoco se me escapa que ya han pasado varios gobiernos del PSOE por el Estado y a ninguno se le ha pedido que lo haga. Sé, que en España, hoy por hoy, hay cosas más importantes, o quizá no. Y digo que quizá no, porque no es tolerable ni serio que un país mantenga un monumento a un dictador, a alguien que secuestró la soberanía al pueblo español durante 40 años, y que si bien tuvo algunos éxitos en la guerra de Marruecos que fueron reconocidos por toda Europa, su mayor logro militar fue reducir a su propio pueblo, humillarlo con la fuerza del ejército y provocar el exilio de unos cuantos cientos de miles de españoles y permitir que el resto de países de Europa los tratara como apestados, algo que hoy solo hacen regímenes tan trasnochados como lo fue el suyo, véase Argelia, Siria, Somalia y no sé si alguno más por ahí. Sé, no hace falta que nadie me lo diga, que la II República no fue un buen experimento, y sé que su fracaso se debió a que la izquierda, que nunca ha sabido interpretar lo que es una República, se empeñó en hacer una revolución comunista, en un tiempo en el que las revoluciones ya habían pasado de moda, de hecho, apenas un año después Rusia dejó de ser comunista. —Sí, sí, como lo leen, y no me lo discutan. No hay nadie de la izquierda actual que reconozca a Stalin como tal. Pregúntenle a cualquiera de ellos y le contestarán, con muchísima desfachatez, que fue un fascista que abrió un paréntesis fascista con su llegada al poder en 1941, que se cerró con su muerte en 1953 para volver a ser comunistas buenos, y que estos que tanto piden responsabilidades históricas y que están por juzgar a los Reyes Católicos por el genocidio de América, al Cid por matar muchos moros durante la dudosa reconquista y a Nebrija, ese facha impresentable al que no se le ocurrió otra cosa que hacer una gramática de la insignificante lengua castellana, son incapaces de asumir que entre sus filas también haya habido tantos asesinos, genocidas y dictadores como en las otras; privilegio de ser comunista—.
Bien, retomando el hilo del artículo, diré que no estoy a favor de destruir el Valle de los Caídos, pero sí de sacar de allí los cuerpos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, cuyo único logro en su vida fue ser nieto de otro dictador, menos violento, pero dictador, y reconvertirlo en un centro de interpretación de lo que supuso la barbarie de la guerra civil, la salvaje represión posterior, mientras el resto del mundo se debatía contra el fascismo, la posterior dictadura de 40 años y su sometimiento a la Iglesia Católica en un momento de la historia de esta en que no era la mejor compañera de viaje, pues tras haber conseguido tener un Estado propio (Véase Pacto de Letrán, Mussolini, Pio XI…), se dedicó a blanquear todo el dinero de la mafia Siciliana y sus socios americanos y transferirlo a la banca suiza —¿para qué si no querían ellos un Estado propio, verdad?—.
Tiene gracia, dándole vueltas al rizo, que fuera nuestro Rey Emérito el que decidiera enterrar allí, en un monumento en el centro de España, a quién lo separó del resto de su familia para educarlo a su imagen y semejanza e impidió que esta volviera a España, incluidos los restos de su abuelo, Alfonso XIII.

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​Una pincelada de nuestra historia.

Los orígenes de nuestra ciudad son inciertos, pero no por eso dejan de ser antiguos. Se nos ha enseñado que fue fundada por Abderramán II en el año 825, lo cual es cierto, pero deja en el aire toda una era anterior, pues tenemos la sensación de que el rey moro llegó aquí, le gustó lo que vio y mandó construir una medina, Madina Mursiya. Evidentemente no fue así. Nuestro territorio, la vega del Segura, ya había sido elegido durante la Edad del Bronce —con mucho acierto diría yo—, por una de las culturas más importantes de nuestra historia, la Argárica, embrión de una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa de los milenios III y II a. C. entre otras cosas por su avanzado concepto de urbanismo, dominio de la agricultura y la metalurgia del bronce. 
El Bronce dio paso al Hierro y a los contestanos, un pueblo íbero que hacia el 500 a. C.  se asentó al sur del Segura, principalmente en el Verdolay —no tenían mal gusto—, donde crearon uno de sus poblados más importantes, con necrópolis y santuario incluido, (el Santuario de la Luz) 

A los íberos les sucedieron los romanos que eligieron para vivir la zona más pantanosa de la vega, la Senda de Granada, o de Graná, como la conocemos los murcianos; plagada de almarjales y aguas estancadas que supieron aprovechar hasta crear los primeros cultivos de lo que luego sería la huerta. Posiblemente este fuera el primer embrión importante de nuestra ciudad. Algunos de ellos también eligieron para vivir la zona del monte, concretamente La Alberca y Algezares.

Aunque ya he dicho que los primeros cultivos fueron obra de los romanos, tengo que decir que el mayor desarrollo y esplendor de la huerta llegó con los moros. Ellos supieron exprimir notablemente nuestro río, creando un dédalo de acequias, brazales y regaderas que han llegado hasta nuestros días y que la voracidad del ladrillo está ocultando hasta que alguna civilización posterior los descubra y los proteja; en fin… La población primigenia tomó así tanto copero, que en año 825, Abderramán II, la convirtió en Murcia. En el siglo X llegó a ser uno de los centros de producción agraria más importante Al Andalus y con ello la capital política y económica de la Cora de Tudmir, región privilegiada del Califato Omeya. 

Los moros vinieron para quedarse, y así, casi un siglo después, finiquitado el califato, nuestra ciudad se convirtió en reino independiente, mejor dicho, taifa —Si los catalanes pudieran demostrar que alguna vez fueron independientes se volverían locos de alegría—, al mando de Abu al-Rahman Ibn. Pero la envidia es cosa mala y fue invadida por el sevillano Al-Mutamid, pero a este su visir Ibn Ammar se lo puso duro y de la mano de Ibn Mardanis, el Rey Lobo, conseguimos el segundo reino de taifa y otra época de esplendor económico, gracias a la agricultura, que nos convirtió en una de las principales ciudades islámicas del momento y cabeza de la resistencia andalusí al Imperio Almohade. Después de todo esto fue cabeza de varios reinos de taifas, más o menos importantes, que se sucedieron a lo largo de los siglos XI, XII y XIII.

Tras la victoria cristiana del norte, en las Navas de Tolosa, año 1212, el reino de Castilla fija sus ojos en la joya de la corona, la taifa de Murcia. Para esas fechas los Almohades ya nos habían invadido y habían sido expulsados por la dinastía Banu Hud, que llegó a controlar todo Al-Andalus desde nuestra ciudad. El infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X el Sabio, pactó en 1243, con Ibn Hud al-Dawla, quién se negó a destruirla ciudad en una batalla perdida de antemano —esta es una de las consecuencias del independentismo—, el vasallaje de la ciudad a través del Tratado de Alcaraz y esta fue incorporada a la Corona de Castilla en forma de protectorado, manteniendo su cultura islámica otros veinte años, durante los cuales, unos cuantos cristianos fueron tomando posesión fuera de las murallas de la ciudad, zona que por entonces recibió el curioso nombre de Murcia la Nueva, mientras que los musulmanes seguían viviendo en sus casas, manteniendo su religión y costumbres. 

Poco a poco, las relaciones entre los musulmanes murcianos y Castilla se hicieron más difíciles y la ciudad y todo el reino se sublevó contra las autoridades cristianas. A Alfonso X el revuelo lo pilló en Andalucía, donde el buen hombre tenía otros negocios, y pidió el auxilio de su suegro, Jaime I de Aragón, que acudió raudo y veloz, entre otras cosas porque también le interesaba sofocar la revolución antes de que se expandiese a sus territorios valencianos.

Jaime I de Aragón entró en Murcia por la puerta de Orihuela —la carretera de Alicante de toda la vida—, un día de febrero de 1266; sofocó la rebelión, ocupó la ciudad y se la entregó al culto de su yerno, el Rey Alfonso X el Sabio. Por supuesto, el resto del reino corrió la misma suerte, pasando de protectorado a territorio o reino plenamente integrado en Castilla.

La población ya era cristiana, aunque su población seguía siendo mayoritariamente musulmana, con algunos judíos y menos cristianos. Pero como tal, debía ser dotada de los mismos órganos de gobierno, de estilo castellano, como cualquier otra del reino. Motivo por el que el 14 de mayo de 1266 fue dotada de varios funcionarios municipales, dos jueces, un alguacil y un almotacén; estos fueron los primeros burócratas de la ciudad. También por primera vez tuvo emblema propio, que la identificaría en su sello, a la hora de validar documentos y correspondencia del Concejo, y en su pendón. Al mismo tiempo le fue otorgado un marco legal de referencia para la convivencia y el gobierno, el Fuero de Sevilla, que no era otro que el Fuero Juzgo con algunos privilegios que lo mejoraban y cuya importancia radicaba en su carácter oficial. 

Murcia pasó así, hace 751 años, a ser ciudad castellana de pleno derecho, con un Concejo que actuaba en nombre de sus vecinos y con una legislación propia que la integraba en el mundo europeo occidental. 
Murcia, 22 de marzode 2017

  Antonio Marchal-Sabater       

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España, que peligro tienes

Desde la noche de los tiempos he oído decir a mis mayores que el peor enemigo que tenemos los españoles somos los propios españoles. Ahora que ya ni peino canas, estas ya hace tiempo que se me cayeron, se que el aserto es completamente cierto. Somos cainitas de nacimiento, envidiosos, vengativos y por regla general bastante incultos. Estos ingredientes fenotípicos nos convierten en seres peligrosos y, lo peor de todo, autodestructivos. 

Se preguntarán ustedes por qué digo esto, qué bicho me habrá picado. Bien me han picado varios, pero no viene al caso decir aquí los más íntimos, así que expondré los más objetivos. Podría empezar por el odio de muchos de nosotros a nuestra historia con la que nunca estamos conformes. Los españoles nunca hemos sido santos ni hermanitas de la caridad, allá donde hemos llegado hemos sido beligerantes y además soldados bravos, no en vano hubo un tiempo en el que fuimos un imperio y ni entonces ni ahora eso se conseguía sin pasar a cuchillo al enemigo. Pero no fuimos los únicos, es más, si todos aquellos que mandamos al otro barrio hubieran tenido oportunidad, hubieran hecho lo mismo con nosotros. Sin embargo, hay países, véase Francia o Reino Unido que están muy orgullosos de su pasado, que no es mejor que el nuestro, y han convertido sus efemérides históricas en días festivos sin que ni los de derechas ni los de izquierdas hagan la más mínima autocrítica. Que conste que no hablo de la guerra civil, esta está tan próxima en el tiempo que puedo entender que para algunos el trato objetivo de la misma aún sea prematuro. Vale. Hablo de la Reconquista, de Conquista de América, del mantenimiento de nuestras colonias hasta que dejamos de mantenerlas, de la Guerra de la Independencia, etcétera, etcétera. Pero ni siquiera esto es lo que hoy me hace teclear estas letras.

A primeros de esta semana conocimos la sentencia recaída sobre nuestros conciudadanos Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, entre otros, pero estos más famosos por su directa relación con la familia real. El juicio paralelo de los españoles ya los había condenado, pero no desde ahora, sino desde que se conocieron los hechos, antes incluso de saber si estos eran ciertos y quiénes habían sido sus autores o en qué grado participaron. Por eso la sentencia no contentó a nadie. Después llegó la vistilla para determinar el ingreso en prisión o no, de él. El ingreso en prisión preventiva (esta lo es porque aún no hay sentencia firme, recuerden que está recurrida al Supremo y este aún no la ha ratificado) solo está previsto para personas que pueden hacer desaparecer pruebas, circunstancia imposible en el caso que nos ocupa porque ya ha sido juzgado y las pruebas consideradas; cuando existe riesgo de fuga del encausado, situación que tampoco se contempla, o la peligrosidad del individuo para el resto de ciudadanos, Urdangarin puede ser cualquier cosa menos peligroso. Luego el tribunal ha actuado en consecuencia, como hubiera hecho con cualquier otro español en su lugar. Lo injusto y desproporcionado hubiera sido confinar en una prisión a una persona que aún no tiene una sentencia firme ni reúne los requisitos expresados.  Sé que algunos de estos aspectos son muy técnicos, pero aún así, el respeto a la presunción de inocencia y a las instituciones no es lo nuestro, y debería empezar a serlo, para ello los programas de educación deberían prever una formación básica en humanidades, pero claro, a nuestros políticos les seguimos interesando tal y como somos. Debido a estas carencias no se nos ha ocurrido pensar que las cosas podían ser de otra manera, al contrario, hemos pensado que solo nuestra postura era la acertada y, por ende, a despotricar de la justicia y del sistema, en definitiva, a autolesionarnos  sin pensar que posiblemente nuestra justicia sea la más garantista de Europa y nuestros jueces auténticos profesionales. Esta perversión nacional nos lleva a buscar la verdad en lugares recónditos y así desconfiamos de la sentencia del 11 M, de la instrucción de los ERES andaluces, condenamos a  Rita Barberá cuando no llegó a ser juzgada, pensamos que los Pujol nunca serán juzgados, en fin… Un maremágnum de despropósitos que solo existen en nuestro ideario y que da pie a que otros españoles, véase independentistas, ex terroristas y otros peces de este río que entre todos hemos revuelto, se burlen de nosotros y de nuestras instituciones.  

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​Sobre la biprovincialidad de la CARM

A estas alturas me imagino que todos los lectores saben de la existencia de un movimiento ciudadano, MC, que está luchando por conseguir la provincia de Cartagena. Aducen que Cartagena tiene un problema de encaje en la Región de Murcia, que solo reciben un 18 % de los presupuestos de la comunidad, que con una nueva provincia la región ganaría peso específico en el congreso y en el senado; y pregonan a los cuatro vientos que nadie es capaz de poner argumentos en contra de los beneficios de crear una nueva provincia. 
Efectivamente nadie es capaz de poner argumentos en contra porque nadie tiene argumentos en contra de los sueños. No obstante sí expondré varios que demuestran lo irracional de la propuesta, veamos:

¿De dónde saldrán los dos diputados más si el número de éstos está previsto por ley? ¿A qué provincia se los van a quitar en pos de Cartagena? Lo lógico será prorratear los de la actual provincia quedándonos exactamente igual, respecto a los senadores sí que ganaríamos los 4 que corresponden a la nueva provincia, luego ahora tendría 8 en una institución que se ha demostrado no sirve para nada. Por otro lado si la escisión nos funciona en Murcia, suponiendo que funcionara ¿Qué impediría que otras comunidades autónomas dividieran sus provincias? De hecho Cataluña quiere aumentar el número de las suyas creando una nueva por cada comarca y creo que son 42. Andalucía también podría dividirse en otras tantas, no en vano es la más grande de España, por no hablar de Castilla León, Castilla la Mancha o Extremadura, en fin, que por reducción al absurdo podríamos conseguir una España de 5000 provincias, porque ya puestos, por qué no una provincia por cada Municipio. Qué derecho tienen los Cartageneros que no tengan los de Alcantarilla, Arrigorriaga, El Ferrol, o Villaviciosa de al Lado que ahora está de moda. Respecto al presupuesto, presuponen nuestros vecinos que se dividiría el de la Comunidad en dos, 50 % para ellos y 50 % para el resto de municipios, y se quedan tan tranquilos. Si suponemos, como ellos lo hacen, que habrá varios municipios que se adhieran a su provincia —según ellos el invento no resultaría si en lugar de ser Cartagena la que se escinde fuera cualquier otro municipio de la región, y no sé por qué—, San Javier, San Pedro, Los Alcázares, La Unión, Mazarrón, Fuente Álamo y Torre Pacheco, por ejemplo, sumarían 1.481,90 km2 de los 11.313,11 km2 de la provincia actual y 404.325 habitantes del 1.474.449 de la Murcia actual, o sea, 13 % de la superficie de ahora y el 27 % de los habitantes. Si el presupuesto de la CCAA se reparte per cápita, la nueva provincia tendría derecho a un 27% del actual, y dado que el municipio de Cartagena constituiría el 53 % de la población de la nueva provincia, su presupuesto sería el 53 % de ese 27 %, lo que nos arroja un resultado del 14 % del de la Comunidad, luego si ahora les corresponde un 18 % estarían perdiendo un 4 %. 

Dado que los números son muy aburridos, vayamos al encaje de Cartagena en la provincia. Cartagena es un municipio más como lo es Murcia, Jumilla, Cieza o Abanilla, ¿qué encaje buscan, ser ellos la capital de la provincia o darle nombre a esta?

Respecto al peso específico de Murcia en el Senado y en el congreso sólo ganaríamos esa batalla con la desaparición de las circunscripciones, o sea, con la circunscripción única, escenario en el que Murcia obtendría 14 diputados frente a los 10 que tiene ahora y 10 senadores respecto de los 4 actuales u 8 que obtendríamos con la escisión, es evidente cuál es la mejor opción. No obstante, y dado que eso de la circunscripción única se me antoja una quimera, la fórmula que mejor nos iría en esta zona de España con la Constitución actual, sería unir las provincias de Almería, Murcia, Albacete y Alicante, una comunidad autónoma de cuatro provincias que tendría 32 diputados y 16 senadores. Evidentemente esto solucionaría muchos problemas, pero no el de los sentimientos.

MC, como todo movimiento político, basa sus argumentos en un sofisma para conseguir un sueño, una entelequia, la provincia de Cartagena.
Antonio Marchal-Sabater.

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Oiz 1985. La sombra de la sospecha. 

​http://www.cartagenaactualidad.com/2016/09/el-rincon-literario-de-paco-marin-oiz-1985/

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La enigmática muerte de López Bravo en 1985, en el monte Oiz.

http://www.periodistadigital.com/politica/sucesos/2012/02/20/tragedia-monte-oiz-eta-terrorismo-alhambra-granada-euskadi-lopez-bravo-padilla-patino-eta-lemoniz.shtml

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